TEATRO SILENTE (oigas o no oigas)
La experiencia del teatro silente y su perturbante pregunta por el como subutilizamos los recursos con que contamos: o mejor, nuestros propios sentidos.
El Teatro Silente de Medellín dirigido por Maribel Giodano y conformado únicamente por actores sordos, marca el paso en Medellín, en una variedad artística cada vez con más acogida en el mundo: el teatro gestual. Con años de trabajo y un staff de actores en crecimiento, el Teatro Silente introduce a nuevas sensaciones al público oyente, al mismo tiempo que genera un espacio de inclusión para la comunidad sorda de la Medellín.
Cuando Maribel Giodano directora de Teatro Silente habla de su proyecto de teatro actuado por sordos, la asimilación normal que hacen sus interlocutores es de que se trata de un grupo de apoyo para los sordos excluidos. Una especie de intento de hacerlos sentir “normales” y más cercanos a la comunidad oyente, algo así como el fútbol para ciegos, con un cascabel dentro del balón y un árbitro vidente que les dice a los jugadores cuando hay gol.
Sin embargo la realidad muestra que los sordos son especialistas en esta modalidad teatral, muy posiblemente mejores que los oyentes, puesto que toda su aprehensión comunicativa del mundo que los rodea al no tener ni voz ni oído se hace de forma visual, los sordos se expresan desde lo gestual y entienden de la misma manera, bien sea a través de un método de comunicación gestual deliberada como la lengua de señas o a través de la interpretación de los movimiento labiales de los oyentes.
De cualquier manera esa vocación gestual hace que los sordos puedan representar con más facilidad y precisión una obra teatral pensada o adaptada para una presentación únicamente visual. El teatro gestual actuado por sordos se trata, según su directora, “de una potencialización de la fortaleza de los sordos en la comunicación.”
A pesar de esto ya la compañía ha sufrido los percances de los prejuicios y la falta de análisis, cuando hace un par de meses un periodista de un pequeño tabloide amarillista (La Chiva) de Medellín tituló “Tumor saca al sordo Fabio de escena”.
Lo extraño fue que el reportero días antes entrevistó durante horas a la directora sobre el fondo de su proyecto artístico el cual quizá pensó en un prinicipio que era el tema a desarrollar, hasta que el o su editor y los dos, se dieron cuenta de que el protagonista de la obra que estaban a punto de presentar, estaba enfermo por un tumor que no lo dejaría actuar.
Es normal que que quienes no han estado en las obras prefieren quedarse en la novedad morbosa del hecho de que haya una compañía de teatro conformada por sordomudos y de que uno de los desafortunados tenga un tumor que no lo deja actuar, opacando el acontecimiento que significa tener en la ciudad una compañía especializada en teatro gestual, variación del teatro común cada vez con mejor acogida en todo el mundo.
Y es que en México y en Chile ya hay iniciativas de Teatro gestual muy avanzadas con un público ganado y donde se reconocen a los sordos como los mejores actores para dicha modalidad. Tratar de entender una obra de teatro gestual representada por sordos, propone un doble reto que termina por configurar una experiencia más rica. Primero, está el desafío natural de entender una obra de teatro: donde tiene lugar, quienes son los personajes y el argumento. Pero además al enfrentarse un oyente a este tipo de representación, de repente se siente perdido e incapaz de entender completamente lo que sucede, por un momento es él el discapacitado.
Ese espectador oyente necesita no solo un gran nivel de concentración para disfrutar completamente de la obra sino otro tipo de lectura de las situaciones, aquí sus oídos son inútiles y tiene que prestar atención a los símbolos expresados en los gestos, que son lo único que le permitirán entender la obra.
Pero además esta modalidad de teatro es tan novedosa como antigua, pues a pesar de representar un nuevo aire en un arte tan antiguo como este, también es volver a los inicios mismos del teatro, la gestualidad, es la base de la representación de la actuación y de la expresión de los sentimientos y las emociones que hay en el individuo, y los gestos son una expresión mucho más directa que aquella mediada por el lenguaje hablado.
Y aunque para Maribel Giódano el teatro de sordos que dirige no es precisamente un espacio de inclusión pues lo ve sobre todo como una propuesta artística, salta a la vista que la admiración legítima (no aquella que tiene que ver con la lástima y la superación) que produce el Teatro Silente en los espectadores oyentes es un incentivo para que todos ellos sigan trabajando, porque la asimilación del otro que exige el teatro gestual hace que el oyente que va al Teatro Silente se sienta más cerca de los sordos para siempre.