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Son sencillamente ridículos los argumentos con los que los llamados homofóbicos atacan sin piedad a las víctimas de ese odio absurdo e irracional de quienes se meten donde nadie los ha llamado.
Sólo pongo como ejemplo la opinión de un comentarista del artículo de El Espectador donde se hace referencia a un estudio según el cual los cerebros de los homosexuales se asemejan a los de los individuos del sexo opuesto.
El truco de la naturaleza para lograr la reproduccion entre humanos se llama amor y este sólo se da entre parejas que se puedan reproducir, que no vengan los gay a sentirse profundamente enamorados porque naturalmente no es lógico. Pero los deseos sexuales son libres en este pais y por lo tanto que los homosexuales hagan palo y raya. No obstante ojalá no prospere la cultura homosexual irresponsable que trae consecuencias como todo acto antinatural.
A esta pobre diatriba que, como la Biblia según Fernand Vallejo, se refuta a sí misma, no hay necesidad de interpelarla.
La pobreza argumentativa del comentarista no sería ni siquiera anecdótica si no fuera tan diciente. En realidad muchas personas piensan en términos similares al autor del comentario de elespectador.com. Cerca de dos terceras partes de los habitantes de Medellín no quieren tener a un homosexual como vecino y eso es preocupante. Sin embargo, es sólo un arista más que desdice de nuestra democracia de votos prepago y encuestas omnipotentes.
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A mi, por mi parte, lejos de que me afecten en algún sentido los homosexuales o que me molesten sus demostraciones públicas de afecto, me declaro fan número de quienes prefieren al mismo sexo.
Y esta es una declaración que va más allá de lo sentimental, pues si bien he tenido la fortuna de conocer gays con un gran respeto por las opiniones ajenas, que poco saben de prejuicios y que son usualmente sinceros, también soy conciente de que, como en todo, hay homosexuales prejuiciosos, malintencionados y portadores de todo el resto de corrupciones a las cuales sucumben los seres humanos.
Por eso mi admiración por los ‘maricas’ tiene que ver con los efectos prácticos que conllevan para la vida en sociedad e incluso para la supervivencia de la especie humana. Sustento esto en algunas observaciones seguramente superficiales pero no por ello falsas, por ejemplo, los barrios de gays suelen pasar de ser oscuros guetos a organizadas colonias llenas de estilo, arte vanguardista y buenos lugares para salir, los gays son usualmente buenos trabajadores organizado y colaboradores.
Pero lo más importante de todo es que los homosexuales son felices, se enamoran se ven bien y además no procrean.
En un mundo con 6 mil 500 millones de personas que no aguantará una nueva duplicación de los habitantes, es importante y casi urgente que cada vez más personas sean homsexuales para así regular la tasa de natalidad.
Y los LGTB no solo no procrean sino que están dispuestos a adoptar a los niños indeseados que madres primerizas, agobiadas o simplemente enfermas dejan en los orfanatos, mientras los rednecks y nuestros conservadores colombianos se dedican a parir como ratas y a malcriar futuros delincuentes, los gays están dispuestos a protegerlos y a levantarlos en mejores condiciones que en un hogar sustituto o en la calle.
Por eso soy hincha de los gays por eso quiero que hayan cada vez más y por eso los saludo a todos ellos o ellas, como quieran que les digan, porque son avatares de la practica diversificadora que después de 40 mil años finalmente está siendo aceptada. Que los homosexuales vivan hoy entre nosotros con sus parejas y felices es, para mí, una de las mayores conquistas de la civilización.
Lástima que nos oy gay para hacer parte de esa liberación.